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En 1991 se decidió organizar y patrocinar un ciclo de divulgación de la ópera que denominamos "Vamos a la Opera", que consiste en ofrecer versiones abreviadas de obras líricas con explicaciones para que se introduzcan los niños en el mundo de la ópera.



     
   
 

La Ópera
por Napoleón Cabrera

¿Por qué la ópera?
Cuando estamos contentos generalmente cantamos, y eso nos pone más contentos todavía. La
música es una fiesta y siempre acompañó las fiestas. Por eso, hace muchos años, nada menos que 400, se inventó una fiesta teatral que tenía música y canto, además de palabras. Le llamaron ópera. Fue en una ciudad de Italia llamada Florencia.
Algunos poetas escribieron versos que contaban alguna historia, y algunos músicos se dedicaron a cantar esos versos. Como el resultado gustó mucho, desde entonces se han representado más de
45.000 óperas, en todos los países del mundo y en casi todos los idiomas.
Una ópera cuenta un hecho o varios hechos, en los que intervienen hombres y mujeres muy distintos: valientes, cobardes, peleadores o generosos, y a veces esos personajes son cómicos y lo que les ocurre hace reír, por eso decimos que son ridículos.
Se trata de que sean simpáticos, aunque no sean admirables, tal como sucede con Papagueno
en la ópera “La Flauta Mágica”. Nos hace reír la manera en que actúa, pero sabemos que es un
hombre bueno.
En otros casos, lo que ocurre en una ópera es muy serio, triste o trágico, al mostrar la antipatía,
el odio, la traición, la desgracia, la muerte, en los actos de los personajes.
Muchas óperas se basan en un hecho real, que ha ocurrido, y otras son una fantasía en la misma forma que los cuentos, las novelas, las historietas, las películas y las series de televisión. En la ópera
lo más importante es la belleza de la música y la manera en que nos sentimos contentos, preocupados o tristes por lo que vemos y oímos.

¿Quiénes son los que cantan en las óperas?

Todas las personas tienen una voz propia, individual, que las distingue de las demás. Pero se puede agruparlas de esta manera: entre las mujeres se cuentan las sopranos, que pueden entonar las notas más agudas o altas, las mezzosopranos entonan las intermedias y las contraltos llegan a las más graves. Entre las voces de los hombres contamos los tenores, que cantan muy alto, los barítonos que están en el medio, y los bajos que llegan a las notas más graves o bajas. Los niños y niñas tienen siempre voces de mujer hasta que con la pubertad cambian la voz; en adelante los varones tienen voz masculina, y las mujercitas adquieren sí definitiva voz femenina, que puede ser más grave o más aguda que la que tenían de niñas. Pero en los dos casos son voces adultas. En el transcurso de la vida de un cantante puede “subir” o “bajar” de “registro”, pero son casos no comunes. Por una costumbre musical, los personajes más jóvenes se cantan con las voces de soprano o de tenor, y los más viejos
con las otras. Esto es de sobra discutible, pero sirve para que el canto de los personajes sea más fácil de distinguir. Lo que podemos comprobar en la vida real es que las personas de baja estatura tienen voces más agudas o altas. En cambio hay que aclarar que -aunque parezca broma-, los bajos son altos, es decir que los hombres de gran estatura tienen voces “bajas” o graves. Las voces naturales de todos nosotros deben ser educadas para poder ser cantantes artistas. Ese arte del canto es complicado, y exige un estudio de varios años para actuar ante el público.

Así se llaman algunas partes de las óperas

Obertura: Sirve para preparar al público y despertar su interés. Por eso la mayoría de los autores anticipan las melodías que se habrán de oír después. También se puede llamar Preludio.
Aria: Es el trozo que canta una sola persona, siempre para manifestar sus emociones o propósitos. Las arias son una especie de retrato sonoro de cada personaje. También se llama Romanza o Cavatina, el aria breve y menos importante.
Dúo, trío, cuarteto, quinteto, sexteto: Cuando en una ópera varios personajes están en conflicto, o bien atraviesan situaciones diferentes, cada uno de ellos lo explica al público cantando lo que le ocurre, y si están juntos en escena lo hacen todos al mismo tiempo. En nuestra vida de todos los días, no se concibe que tres o cuatro personas hablen a la vez y se entiendan, pero en la ópera se acepta que lo hagan para expresar cada uno su situación.
Coro: Cuando un gran número de personas interviene en un trozo de ópera y siente emociones similares de alegría o temor, se lo trata con un coro; entonces cantan todos juntos las mismas palabras, pero también pueden expresar sentimientos diferentes y hasta opuestos. En esos casos los coros son más complicados para cantar y oír. Hay coros de hombres, de mujeres, mixtos o infantiles.
Cuadro: Se llaman así las divisiones de los acontecimientos de una ópera. Por ejemplo, en un cuadro cantan sólo dos personajes, en otro intervienen varios. Cuando uno se retira de la escena se dice que cambia el cuadro. Varios cuadros componen un acto. La mayor parte de las óperas tienen tres actos, con este esquema: en el primero se presenta a los personajes y sus problemas, en el segundo asistimos al conflicto o lucha de cada uno frente a los demás; en el tercero y último se llega a la solución o desenlace (por lo menos para justificar el final, trágico o bien placentero). Es frecuente que cada final de cuadro muestre música y acciones más aceleradas y nerviosas.